lunes, 3 de agosto de 2015

Caos y Karma en Katmandu.

Katmandú, la capital de Nepal, es la típica ciudad del caos. Miles de coches, motos, bicicletas y otros trastos compiten por llegar pronto a su destino en un lugar donde la prioridad de paso no se otorga por semáforos. Un peatón en esta ciudad, tiene que templar los nervios y hacerse respetar para cruzar la calle: despacio y sin prisa para no generar sorpresas a los motorizados, los cuales te esquivan con precisión quirúrgica.

Tanta gente moviéndose sobre motores antiguos de combustión en vez de andando, genera sobre la ciudad una nube de polución, que en cuestión de minutos te podrá provocar un terrible dolor de cabeza y no se trata del mal de altura.

Ese caos circulatorio contrasta con unos cuantos lugares de la ciudad y sus alrededores. Uno de ellos es la plaza Dubar de Katmandu. En ella el caos son las palomas, vacas, y personas que transitan por ella.



Pese a la poca higiene que presenta el conjunto urbano así como el deterioro de las infraestructuras, las plazas principales de la ciudad están cariñosamente mimadas. Es muy fácil ver a alguien barriendo con una escoba, del estilo a las de brezo.
Gracias a ese cariño o a otras fuerzas de la naturaleza que devuelven un poco de gratitud, en estos mágicos espacios parece abrirse el cielo, tragándose la contaminación de la ciudad.

Yo no sé si las fuerzas de la naturaleza se la han jugado a los habitantes de Nepal. El terremoto de este año, prácticamente se ha cargado monumentos de piedra y madera como el que ves en la imagen. Hecho que afectará terriblemente a una economía ya de por sí muy pobre. Posiblemente el turismo es una de las fuentes de ingreso más destacadas del estado y recuperar lo posible de lo perdido, costará mucho esfuerzo para esta cariñosa sociedad.